
Proliferan los programas en la televisión de niños y adolescentes con problemas de conducta, parejas con problemas de relación, etc.
Super Nanny abrió la veda, y ahora le siguen
SOS Adolescentes, en La Cuatro o
Terapia de pareja, en La Sexta.
Desconfio de la televisión, y mucho más cuando se trata de programas con contenido "social", es decir, cuando la televisión se disfraza de servicio público. Pero no soy de los que la desprecian de entrada. Al contrario, reconozco que en ocasiones me sirve para evadirme. Otras, especialmente ante los programas a los que me refiero, la suelo mirar con ojo clínico.
Como dice David Mamet:"Para un número indeterminado de minutos de supuesto entretenimiento, la televisión captará nuestra atención durante treinta segundos para vendernos un frasco de aceite de serpiente. Ése es su carácter esencial. Es una herramienta para vender".
Dicho queda. Aunque eso no diga nada acerca de la utilidad o no del producto para el público en cuestión o para las personas que participan en él. Hay que reconocer que algunos de estos programas están hechos con cuidado exquisito y cuentan con profesionales que, hasta lo que he visto, proponen terapias o aconsejan cambios acertados. Demasiado cercanos, quizás, al sentido común.
Tengo mis dudas. . No es que crea que los cambios que se muestran al cabo de unas semanas, milagrosos por otra parte, sean fingidos. Lo que pasa es que la gente, delante de una cámara, actúa. Sí, sí, ya sé que los participantes en este tipo de programas suelen decir que se olvidan de la cámara y bla, bla, bla. No me lo creo. Si realmente se olvidaran no existiría el "edredoning".
El hombre del siglo XXI ha aprendido a actuar delante de la cámara. La irrupción de un mundo de imágenes ha cambiado la manera de presentarnos y de representarnos. Fíjense en las fotografias anteriores a la televisión: la gente en blanco y negro tenía pudor en mostrarse. Las escenas tristes nos enseñan a personas que, delante del objetivo, reprimen sus sentimientos. Hoy las emociones forman parte del espectáculo. No hay futbolista, torero o concursante que se precie que no derrame sus lágrimas delante del objetivo. Lo que antes se guardaba para la intimidad, ahora se muestra indecorosamente, se regala a una audiencia cada vez más ávida, pero también cada vez más acostumbrada, a este tipo de derroche sentimental.
A lo que iba. He visto entrevistas de los psicólogos de estos programas (por cierto, los psicólogos deben de ser un lobby potente en la televisión, para la cual no existen ni pedagogos, ni educadores) y el tono que a veces utilizan y sé que en la vida, digamos, real, muchos de sus clientes no hubieran aguantado ni un minuto. Es más, el formato televisivo exige un tempo que deja poco espacio al trabajo sosegado. Normalmente los problemas sólo se trabajan en la superficie, sin ir mucho más allá.
En definitiva, me gustaría saber que pasa cuando el foco se aparta de esa familia. La segunda parte del film, vaya.
Volviendo a David Mamet, el radical: "El problema no está en Barrio Sésamo. El problema está en la televisión. Si uno no ve la televisión, puede aprender algo como tallar madera o incluso leer."
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Les dejo con una poesía de Charles Bukowski, perpendicular al tema, de su libro Poemas de la última noche de la tierra.
EL NEGOCIO DEL ESPECTÁCULO
yo no puedo hacerme con él
y tú no puedes hacerte con él
y no lo
conseguiremos
así que no apuestes
ni siquiera lo
pienses
levántate de la cama
cada mañana
lávate
aféitate
vístete
y sal
a
ello
porque
aparte de eso
sólo quedan el
suicidio y
la locura
poco
podemos
esperar
ni siquiera
cabe esperar
por tanto
lo que hay que hacer es
trabajar sobre una base
modesta
mínima
por ejemplo
cuando salgas a la calle
alégrate de que
tu coche
siga ahí
y si lo está,
de que los neumáticos
no estén
pinchados
luego
móntate
y si arranca,
arrancas.
y
es la peor
película
que has
visto jamás
porque
actúas
en ella:
un presupuesto bajo
y
4 mil millones
de críticos
y la carrera más
larga
que llegas a
esperar
dura
un
día.
Charles Bukowski