lunes, 17 de diciembre de 2007

FOLIE À DEUX

Esta noche he tenido una pesadilla terrible. Mis compañeros de trabajo me convencían para salir desnudo en un calendario. Era por alguna causa justa, creo que contra la desaparición de una foca, quizás la foca monje. Pero lo peor no era eso. Por fortuna, en mi sueño, el calendario pasaba casi desapercibido. Hasta que el presidente de una especie de Instituto del Hombre, por lo demás un señor elegante y guapísimo, para mayor escarnio mío, salía en todos los medios de comunicación diciendo que era indignante mostrar así el cuerpo de un pobre trabajador. Y vaya si lo era. Ahí estaba yo, con un tanga Calvin Klein por el que se vislumbraba un arrugado testículo, con mi tripa incipiente y cervecera y mi espalda peluda, con un libro de Paulo Coelho en la mano intentando taparme el culete, dando paso al mes de agosto de 2008.
Gracias a la propaganda gratuita de un instituto que decía defendernos a todos, mi foto estaba ahora por toda la ciudad, adornando las cabinas de rudos camioneros.
Me he despertado sudando y angustiado. No me he quedado tranquilo hasta comprobar que el calendario del 2008 que cuelga en mi cocina seguía siendo un inocente e instructivo paisaje de La Caixa. A las ocho he llamado a mi padre para asegurarme de que todo había sido un sueño. Tranquilo hijo, me ha dicho, tu dignidad sigue estando a salvo.
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HIROSHIMA
"Exactamente a las ocho y quince minutos de la mañana, hora japonesa, el 6 de agosto de 1945, en el momento en que la bomba atómica relampagueó sobre Hiroshima, la señorita Toshiko Sasaki, empleada del departamento de personal de la Fábrica Oriental de Estaño acababa de ocupar su puesto en la oficina de planta y estaba girando la cabeza para hablar con la chica del escritorio vecino". Así empieza Hiroshima, el impresionante reportaje periodístico de John Hersey. Hersey narra la historia de seis supervivientes antes, inmediatamente después y cuarenta años más tarde de la catástrofe, en un libro que quita el hipo. Hiroshima fue el epílogo de la II Guerra Mundial y la demostración de que las guerras, a partir de entonces, se ganarían matando a civiles.
No sé si Al Gore se atrevería a explicar el fulminante efecto invernadero que provocaron sus paisanos en Hiroshima y Nagasaki y sus terribles consecuencias. Eso sí que fue cambio climático. Con lo que cobra por sus conferencias ya podría. Aunque lo entiendo, no combiene abusar del gore.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Molt bo

Mabel

imma verdú dijo...

Avui de bon matí m'he recordat de tu, sera. El Josep Cuní ens despertava dient que el calandari de azafates de vol havia tingut tant i tant d'èxit gràcies a la crítica de les senyores feministe ( que es queixen de tot). Bé, m'ha fet recordar del teu escrit on somiaves que sorties d'una forma indecent a un calandari. M'ha tornat a fer riure el teu escrit.

imma- verdú