
Hace unos años estaba recorriendo el Parque Nacional Torres del
Paine, en la
Patagonia chilena, y vi, a lo lejos, a una persona que se acercaba.Yo me dirigía al glaciar
Grey. En aquella época del año había muy pocas personas recorriendo el parque y, después de cuatro días de marcha, apenas me había cruzado con unos cuantos excursionistas.
Aquella persona se iba acercando poco a poco. Dos excursionistas en algún punto cerca de los Campos de Hielo Sur. Cuando faltaban unos cincuenta metros para encontrarnos, los dos comprobamos asombrados que nos conocíamos. Ella era una compañera de la Facultad de Psicología donde yo había estudiado el año anterior.
Una casualidad como otra cualquiera, por supuesto, sólo que el escenario de la Patagonia la engrandece.
El azar está por todas partes.
Cuando tenía ocho años,
Paul Auster pidió un autógrafo a un jugador de béisbol que era su ídolo. El jugador le dijo: "Claro, pero necesito un lápiz".
Auster pidió un lápiz a todo el mundo, pero en ese momento nadie en los alrededores tenía un lápiz, un
boli, algo que escribiese. Las posibilidades de que nadie tuviera un lápiz entre toda aquella gente eran más o menos las mismas de que yo me encontrara con una compañera de estudios en la Patagonia. Aun así, nadie. No hubo autógrafo. Así que el niño
Auster decidió que nunca saldría a la calle sin un lápiz, por si acaso. Una manera como otra cualquiera de hacerse escritor. Desde entonces
Auster juega en sus novelas con el azar, y el azar juega con sus personajes.
A veces el azar explica todo y a veces casi nada. Hay quien pretende conocerlo en profundidad. Para eso se inventaron la astrología, las percepciones extransensoriales o las pseudociencias. Pero fracasan en sus intentos. El azar es caprichoso. Obedece a tantas reglas, si es que tiene alguna, que resulta casi siempre impredecible. Ocurre a cada instante, aunque nosotros solo le demos significación a aquello que nos interesa.
El significado es humano. El azar no. O quizás sí. Al menos explica, con ayuda de la teoría de la evolución, porqué estamos aquí. Como dice Bill Bryson, en su espléndido libro divulgativo sobre la ciencia, "Una breve historia de casi todo": "Con que retrocedas sólo unas ocho generaciones (...)encontrarás a unas 250 personas de cuyas uniones en el momento oportuno depende tu existencia. Si sigues más atrás, hasta la época de Shakespeare y de los peregrinos del Mayflower, tendrás como mínimo 16.834 ancestros intercambiando afanosamente material genético de una forma cuyo resultado final y milagroso eres tú".
A la espera de que el
superacelerador de
hadrones europeo descubra el
bosón de
Higgs, conocido como la
"partícula de Dios", y nos explique algo más de este mundo del que venimos, quizás un mundo menos azaroso , seguiremos forzándolo (al azar, no a Bryson) para que sus designios nos beneficien.
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El grupo de teatro Factoría Los Sánchez, hemos empezado los ensayos de la obra de teatro basada en el blog EDUCADOR SOCIAL EN ALASKA. Seguiremos informando.