Uno se da la vuelta por un periódico y comprueba que los tópicos que funcionan como dogmas en su país se ponen a prueba fuera de sus fronteras. El extranjero como experimento.
Por ejemplo Bolivia, un caso curioso. Mis amigos más declaradamente "antisistema" siempre han aplaudido a Evo Morales, como un político que encarna los valores puros de la izquierda y el indigenismo, a la vez que defendían, en otros foros, el derecho de los pueblos a la autodeterminación. Pero Bolivia les ha salido un poco rana ¿Estarán mis amigos del lado del centralista Evo Morales, que considera traidores de la patria a las regiones que piden más autonomía? ¿O estarán del lado , por ejemplo, del rico departamento de Santa Cruz y su sacrosanto derecho a decidir?.
Por fortuna, el mundo es un laboratorio de experiencias que cuestionan nuestras certezas inamovibles. Turquía, sin ir más lejos, donde el ejercito (¡cuando ya teníamos aprendido que los soldados encarnan los valores más rancios y fascistas!) se erige en defensor del laicismo y la democracia. El mundo al revés.
Pero no hace falta irse tan lejos para hacerse un lío. Y más para alguien como yo , que "es", pero no se "siente" ni español, ni catalán, ni siquiera ciudadano del mundo. Resulta que ojeo el libro de Victor Alexandre, "El cas Carod", que habla de la reunión que tuvo el político catalán Josep-Lluís Carod Rovira, hace años, con miembros de ETA. Y leo que los de ETA y los de Carod utilizaban una lengua común para entenderse, porque ni unos dominaban el vasco, ni los otros el catalán. ¿Era el inglés o el francés? ¿El esperanto? ¡Qué va! ¡Hablaban el español, la lengua del invasor! ¡Qué decepción! Yo que he crecido oyendo que una lengua no es sólo una lengua, sino que es una forma de interpretar el mundo, y al final acaba ganando el pragmatismo. ¡Pucha!
Puro teatro.


