martes, 1 de enero de 2008

SE CONSUMÓ LA TRAGEDIA: LA SAGRADA FAMILIA SE HA DERRUMBADO

Eran las 7.35 de la mañana. A esa hora Barcelona empieza a cobrar vida después de una noche no demasiado fría para esta época. La circulación es intensa pero todavía no muy ruidosa. Algunas habitaciones empiezan a encenderse en los edificios más cercanos. Cada ventana es dueña de una historia diferente. En la mayoría, probablemente, viven personas que se preparan para un nuevo día de trabajo o escolares que toman su desayuno. Todo normal.

De repente, se oye un estruendo enorme, una explosión monumental. Luego la tierra se estremece. Apenas dura unos treinta segundos. Después el silencio. Un silencio que da paso al estupor y la incredulidad. La Sagrada Familia, uno de los edificios emblemáticos de Cataluña, acaba de desaparecer entre una nube espesa de polvo y cascotes.

Exactamente a la misma hora, la señora Ana Lecina, empleada en unos grandes almacenes, estaba girando la cabeza para preguntar a su hijo pequeño si se había tomado la leche. Justo en ese momento se quedó sin aliento: "Oí un ruido muy grande. Cómo un zambombazo. De repente vi como se movía todo...las tazas...todo. Pensé que había sido una bomba. Y cuando miré por la ventana...¡Jesús!". No puede seguir. Abraza a su hijo, Josep Lluis, y llora desconsolada.

Mientras las primeras imágenes de la tragedia ocupan los telediarios de medio mundo y se confirma que no hay víctimas entre los escombros, la confusión se adueña de la calle. Vuelve el ruido, convertido ahora en lamentos, sirenas y gritos. La gente se agolpa en las calles adyacentes. Donde antes estaba la Sagrada Familia ahora no hay nada. Sólo un humo viciado, mezcla de escombros y tubos de escape. Después de los minutos iniciales, del desconcierto, se oyen las primeras opiniones a pie de calle, cómo un tímido murmullo: "Dantesco" opina uno, "Brutal" dice otro, en lo que parece una competición de adjetivos. Poco a poco, las personas que guardaban un acongojado y casi respetuoso silencio se van animando: "no hi ha dret, primer Copito de Nieve i ara això, ens estem quedant sense referents". Dice una mujer de unos cuarenta años. "Sí senyora -asiente un hombre mayor a su lado- això és un fàstic. ¡Tenim dret a decidir!". Algunos aplauden la frase. Un taxista que acaba de aparcar su coche se lo mira de reojo: "¿Decidir el qué? Si ya sa caio". Un grupo de jóvenes, con la cabeza afeitada, un pendiente en la oreja y un perro en cada mano, aguantan las lágrimas emocionados mientras mascullan: "fatxes de merda".
A la misma hora , emisoras de radio, televisiones y periódicos digitales empiezan a emitir las primeras opiniones de la clase política. El presidente de la Generalitat, José Montilla, no se hace esperar y carga contra el PP :" Lo venien provocando, son els autors intelectuals" dice textualmente. Josep Lluis Carod Rovira asiente, pero luego matiza : "això demostra que els espanyols no ens estimen".

En una rueda de prensa improvisada en las escaleras de La Moncloa, las declaraciones del presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero, son desconcertantes, seguramente fruto del estupor que le produce la noticia y de la proximidad de las elecciones : "Hay que seguir dialogando a pesar de todo". Arquea ligeramente las cejas, mira a los periodistas y corrige solemne: "El año que viene estaremos mejor", cosa que ningún periodista a su alrededor le discute. Pérez Rubalcaba, a su derecha, le recuerda que el derrumbe de la Sagrada Familia no es obra del terrorismo, sino de las obras del AVE. Ambos cuchichean y prefieren pasar la palabra a la ministra Magdalena Álvarez. Esta levanta la barbilla, orgullosa, desafiante, y se arranca con: "No sé porqué me miran así. Fui la única que predije esto de la Sagrá Familia: antes partía que dobla".
El líder de la oposición, Mariano Rajoy, a sabiendas del rédito político que le dará el desastre, se frota las manos: " Usted, señor Zapatero, está rompiendo el país". Pensando que el micrófono está cerrado , se le escapa una sonrisita, en forma de hilillos de voz. A su lado, Ángel Acebes asiente y , con voz tímida y apagada, casi conspiradora, concluye : "No descartamos ninguna línea de investigación".
Pero la voz que congrega más unanimidad es la del cardenal Rouco Valera: " Les voy a decir una verdad cómo un templo. Los socialistas, con sus leyes permisivas y sus homosexuales, están destrozando la sagrada familia" y sus palabras resuenan en un cielo apocalíptico de nubarrones preparados para descargar toda el agua del mundo.

Mientras tanto, amanece en la ciudad. Por un momento, Barcelona parece un once de septiembre en Manhattan. El polvo se adueña de las calles. Los ciudadanos, poco a poco, cabizbajos, vuelven a sus trabajos sin rechistar. Lo hacen civilizadamente, resignados ante la adversidad.

7 comentarios:

Pereira dijo...

CHAPEAU!

Maga dijo...

En homenaje a Ángel González y a todos los escritores que cada dia se estrujan para deleitarnos.

A VECES

Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.

Anónimo dijo...

Boníssim, m'he rigut molt.

Tania

niobe dijo...

Qué bueno!!!
Me he reído un montón, sobre todo con los "hilillos de voz" de Rajoy.
Muy buena predición de futuro, pasaría exactamente lo que escribes, Seguro!
Eso sí espero que no tengas futuro como vidente (lo siento).

Sera Sánchez dijo...

Muy buena poesia maga.
me alegro que os haya gustado, pereira, tania i niobe.

Saludos

Tomas dijo...

Genial.

imma-verdú dijo...

Yo no he visto la Sagrada Família y desde que estan intentando "tirarla al suelo" me da mas miedo ir a verla. Ojalà cuando se caiga seà a esa hora,cuando la ciudad empieze a despertar y no tengamos que lamentar una catastrofe con victimas de todo el mundo. Ya me imagino los pobres japoneses, lo último que verian son sus flaxes disparando al monumento caido.

imma