
Uno de los placeres de la vida es leer tu periódico con un taza de café. Una terraza, una mesa espaciosa, unos vivificadores rayos de sol.
El periódico de S , desde hace unos quince años, es El País. Le ha sido infiel, casi sin quererlo, algunos domingos que se ha vendido a otros compradores más madrugadores que ella. Y en los bares, donde apenas lo encuentra, siempre hay otro pidiendo una oportunidad, porque S no suele frecuentar bares que no tengan ni un mísero periódico.
Cuando era muy pequeña, casi enana, S pensaba que La Vanguardia servía para secar los suelos que fregaba su madre. No podía entender para qué entonces llenarlo de letras ¡Qué desperdicio! De mayor lo leyó. Nunca le gustó el formato, tan enorme. Leía La Contra, que no estaba mal, aunque pasado un tiempo le pareció demasiado ligera y alternativa, a S que siempre frecuenta periodistas con un poco de mala leche. Pero La Vanguardia tiene a Quim Monzó, y eso a ella le parecen palabras mayores.
El Periódico era ideal para acabárselo rapidito, tanta foto y tan poca chicha., y tener una buena digestión. A S siempre le ha parecido un periódico con titulares explosivos y pólvora mojada. Su revista dominical le daba risa y le recordaba, no sé porqué, al Pronto que leía su madre, antes de que leyera a Kundera. Pero también lo ha disfrutado a ratos, primero con Quico el Progre y después con Manuel Delgado.
El Punt le vale a S para enterarse un poco de lo que pasa por Gerona y alrededores...y poco más. Le aburren soberanamente sus artículos, dictados por el patrón, contados, casi siempre, desde un cobarde "nosaltres".
El Mundo alguna vez lo ha probado. Tiene buenos articulistas. Dice S que son fichajes estrella de un equipo con posibles. Tiene individualidades pero no juega a bloque. Un periódico galáctico. Lo ojea como se ojeaba antes en Cataluña el ABC, desafiando alguna mirada desaprobatoria, que nunca encontró. Es un periódico que miente un poco más que la media, pero tienen a Arcadi Espada, que antes escribía en su diario, que es un señor que escribe muy bien y que siempre tira la piedra y enseña la mano.
Pero a S, lo que de verdad le gusta, es sentarse a leer El País. El de papel, porque el otro, el digital, está demasiado lleno de noticias y ella, que es una señorita, lo que espera de su periódico es que le seleccione las más importantes y se las lleve a la hamaca, no que las tengas que andar buscando como loca y se distraiga con noticias de poca enjundia. A S a veces le fastidia, pero poco, la verdad, que el domingo venga tanto reportaje y tan interesante. Como si una no tuviera que hacer otra cosa en todo el día que leerlo a él.
La relación no siempre es buena. S se pelea a menudo con su periódico. Le revienta que se le vea tanto el plumero. No que sea sociata, como dicen sus amigas, que eso ya lo sabe de sobras, sino que no haga ningún esfuerzo por disimularlo un poco. Se cabrea cuando alguna vez todas, absolutamente todas sus columnas de opinión, convergen en una sola idea, que suele tener que ver con el PP, o con los negocios de PRISA, o con el medio ambiente, o con lo que mandara Polanco, que mandaba mucho. Esos días, su periódico se convierte en un panfleto infecto. O cuando desde su diccionario de estilo se impone , como un meme, un concepto, y todos (bueno, menos Elvira Lindo, Soledad Gallego y Francesc Valls) lo repiten como colegiales. El último fue que esto, o aquello, o lo de más allá creaba crispación, y S se crispaba al leerlo, vaya que si se crispaba y estaba a punto de escribir al Defensor del lector, para que dejaran de ver crispación en cualquier cosa, pero nunca lo hizo, por pereza quizás o, no sé, la verdad es que nunca me lo dijo. O cuando El País se pone institucional y si hace falta censura hasta a Savater en nombre de alguna causa. O cuando hace una oposición feroz al Gobierno, si no mandan los socialistas, y una oposición feroz a la oposición cuando son ellos los que mandan.
Pero es por eso, porque es su periódico , por lo que le mete tanta caña. Y porque sabe lo importante que es en la vida tener un periódico propio, tanto o más como ser del Barça o del Madrid, o español o catalán, o de Albacete.